Luego de su anterior visita a Buenos Aires, allá por 2005 en un Obras repleto, los españoles de Ska-P se tomaron vacaciones por tiempo indeterminado. Fueron 3 años de parate durante los cuales algunos de sus miembros formaron nuevas bandas -Pipi (The Locos), Joxemi (No Relax)- que hicieron suponer una renuncia indeclinable. Sin embargo, hoy no sólo encaran una gira de reunión que los llevará a recorrer Europa y Sudamérica, sino que lo hacen con un nuevo disco bajo el brazo. “Lágrimas y Gozos”, el séptimo trabajo del grupo, mantiene la línea contestataria que los catapultó a la fama, en 13 canciones donde arremeten contra la iglesia, las corridas de toros o los gobiernos de España y Estados Unidos.
Originalmente la vuelta de Ska-P a Buenos Aires estaba planeada para el 29 de Noviembre, pero aquel Sábado hubo tormenta eléctrica e inundación y el show debió ser reprogramado. Casi 10 días después, las nubes negras amenazan con arruinarlo todo una vez más y, camino al Club Ciudad, la gente teme lo peor.

Finalmente se larga, pero lo que empieza siendo una tormenta torrencial dura apenas 10 minutos y rápidamente se transforma en una llovizna refrescante. El show se hace.
El primero que se asoma desde el costado del escenario es Tchiquitin, el imponente y carismático trompetista con pinta de guerrero vikingo que sale a tocar enfundado en una pollera escocesa. Luego lo sigue el resto de la banda. Están grandes, pero tienen una energía envidiable. Desde el primer acorde de “Ni fu ni fa”, Pulpul y Pipi, ambos vocalistas, salen a despejar cualquier duda sobre su vigencia. El público entra en sintonía instantáneamente y el Club Ciudad, todavía de día, se transforma en una fiesta popular, con gente de todas las edades bailando bajo las nubes al ritmo del ska-punk.
Sin nada que envidiarle, ni en despliegue ni en convocatoria, a cualquiera de los festivales de rock más importantes, los españoles le ofrecen a la multitud un show que va más allá de lo musical. En “Romero el Madero”, un himno anti-represión de la banda, mandan al escenario a un hombre disfrazado de policía que hace estallar una carcajada general. Después de bailar ridículamente de un lado para el otro, se para en el borde de la pasarela que se mete entre el público y les da el gusto: llueven las escupidas sobre el representante de la ley.
El que hace su aparición dos temas más tarde es el mismísimo Tío Sam, parado sobre un par de zancos altísimos. Mientras tanto, los Ska-P cantan: “Tío Sam, muñeco de homicidio / Tío Sam, jugamos a matar / Tío Sam, comienza el exterminio / Tío Sam, operación Irak”. Enseguida siguen con Welcome to Hell, donde se oponen fuertemente a la pena de muerte vigente en Estados Unidos, con silla eléctrica y dramatización incluida sobre el escenario. Y así siguen, peleando contra la Iglesia con la imagen de Benedicto XVI en las pantallas, contra el gobierno de su país, contra todos los que se vengan.

Ante una nueva amenaza de lluvia, Pulpul se pone firme, mira al cielo, como si quisiera hablarle a Dios, y grita: “¡No vas a poder con nosotros!”. Luego pide perdón por el concierto postergado, sobre todo a aquellos que fueron hasta el lugar en vano (de paso aprovecha para criticar el accionar de la policía) y sigue tocando bajo una garúa tenue que el público, agotado de tanto baile y empujón, esta vez agradece.
El show de los españoles es un golpe de knock-out, por eso cuando termina nadie se queja. Todos piden que siga, pero en el fondo saben que ya tuvieron suficiente. Así que se van, con una sonrisa en la cara, disfrutando de la tranquilidad después de la paliza.
Nota: Damyan Gomez
Fotos: Nicolas Di Corato